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jueves, 22 de julio de 2010

Shinjuku RUIDOK4

21/07/10
Escribe Omi.

El miércoles volvíamos a tener concierto (se han concentrado todos en la primera semana, qué le vamos a hacer, jiji), y decidimos hacer la colada por la mañana. Parece mentira que solo llevábamos cuatro días aquí, y el montón de ropa era enorme. Este clima tan espantoso te deja la ropa pegada al cuerpo, la humedad es insoportable. Cuando conseguimos fabricarnos un tendedero con una cuerda de la tienda de cien yenes y lavamos la ropa en nuestra maravillosa lavadora que funciona a monedas (sí, estáis leyendo bien), tendimos y nos dispusimos a arreglarnos. Yo quedé así con mi nuevo conjunto de Bodyline:



Y es que estaba a punto de ver a mi Jukaaaa (ahora conocido como Shaura), no cabía en mí de gozo.
De camino a la estación paramos para sacarnos unas purikuras y por supuesto salimos divinas de la muerte; voy a necesitar una máquina de esas en casa para subirme la autoestima todos los días… salen unos ojazos, un contraste, un brillo… Luego nos comimos una hamburguesa en el McDonalds (que conste que siempre comemos japo, ésa fue una excepción) y cogimos el tren. Por cierto, en el McDonalds de Takeshita Doori la comida es rápida pero de verdad, te atienden tres veces más rápido que en España porque tienen las tareas súper repartidas… si es que son igual de eficientes para todo.

Al llegar a la estación nos encontramos con nuestras amigas españolas (las que vimos en el concierto de Moi dix Mois y en el de Versailles), canjeamos nuestros e-mails por tickets y esperamos un rato.
Fotos de la espera, al lado del cartel de la sala Shinjuku Ruido K4. Atención especial merecen los ojazos de Elfe, ¿o no?:





Compramos algo de “mercha”, en mi caso el primer single de VII-sense, Black Bird y dos sets de fotos, uno para mí y otro para mi hermanito brasileño fan de Juka (va a flipar).

Éste era uno de esos conciertos multi-banda indie que tanta gracia me hacen. ¿Por qué? Pues primero, porque las fans se organizan en primera fila según la banda; segundo, porque algunas de las bandas no llenan ni la primera fila, mientras las pavas se quedan sentadas en el suelo; tercero, porque las japas se llevan sus zapatillas para quitarse los taconazos y saltar a gusto. Se comportan de una manera súper rara en los conciertos, y a veces los movimientos que hacen no tienen ni siquiera que ver con la música. Cuando hacen headbanging corres el riesgo de que te saquen un ojo con la montaña de extensiones que llevan en el pelo. A veces se ponen cuatro o cinco en primera fila inclinadas sobre la barra, y otras pavas cogen carrerilla y se tiran en lo alto, una versión light y bastante ridícula de lo que sería el pogo/moshing. Total, que verlas es un espectáculo surrealista en sí mismo.
Aunque lo verdaderamente raro fue la primera banda. No encuentro palabras para definirlos, así que dejémoslo en “una caca”. Eran un grupo de amiguetes mal vestidos y feotes con un vocalista que tenía unos dientes que daba susto, feo, pero feo con saña, y que no se sabía las letras de las canciones. Ni siquiera se sabía la de Zankokuna tenshi no teeze (Evangelion, vamos), cuyo cover hicieron a una velocidad de x4. De hecho, ni siquiera se había aprendido lo que tenía que decir entre canción y canción, lo iba leyendo. En serio, una pena. Menos mal que la calidad fue subiendo con las otras bandas.

Los segundos fueron mucho mejores, se llaman Itto (一兎) y el vocalista está como un tren, lleva un traje chulísimo; y además tocaron muy bien. El chaval, Hiviki, era un ejemplo de japo no-esquelético, lo cual anima bastante puesto que aquí a la mayoría le faltan unos cuantos pucheros. Yo me ponía a repartir rancho entre los visualeros y no paraba.

Inciso 1 de Elfe: Hiviki fue el primero en fijarse en nuestra presencia, ya que 4 occidentales con tacones, arregladas y maquilladas entre un chorro japonesas me diréis si destaca, pues se puso frente a nosotras y empezó a hacernos señas para que nos acercáramos y acabe siendo yo la que me acerque y me dio con la manita en la cabeza, ¡mas mono!

Continúa Omi: La tercera banda, 「7191。。。」(sí, es su nombre) también molaban mucho. No sé dar detalles porque estaba muy nerviosa esperando lo que vino a continuación… Tomé posiciones en segunda fila centrada para ver a mi Juka en todo en su esplendor. Y vaya si lo vi.

Primero salieron los otros cinco miembros, y como la sala y el escenario son tan pequeños temimos que no iban a caber… pero afortunadamente se apañaron. De los tres guitarristas mi favorito es KAZ, va vestido de “gentleman” con sombrero y todo y hace unos solos de impresión; además he hablado con él varias veces en Pigg y es majísimo. Tocaron una intro instrumental que quedó genial porque la verdad, mola tener tres guitarras en el escenario al mismo tiempo y bien sincronizadas. Cuando salió Juka/Shaura casi me desmayo. Ya lo vi hace dos años, pero con ropa más normal; ayer por fin lo vi con un traje currado, plateado y súper bonito; se le veía muslito por todas partes por debajo de la chaqueta porque el pantalón tiene rajas y cuerdas a los lados, buf. Es alto, guapísimo, no llevaba lentillas porque tenía los ojos algo rojos (me alegré de ver sus ojitos marrones), y madre mía cómo canta. Me dijo una de mis amigas… “este hombre ha mejorado con respecto a Moi dix Mois”. Sí que lo ha hecho, ha crecido y crecido como vocalista y yo no sé dónde va a llegar el poderío de su voz. Los falsettos que en el primer single suenan algo artificiales, en directo te dejan con la boca abierta, son un auténtico regalo para el oído. No desafina NADA. Y lo mejor de todo es que tienen ya un repertorio de lo más completo, con verdaderos temazos; estoy segura de que el segundo single va a convencer a todos los escépticos a los que no les dice mucho esta banda. Sé que me vio y levantó las cejas como a modo de saludo; quiera que no hemos coincidido también en Pigg y le dije que vendría a Japón y a sus conciertos. Ya lo saludaré convenientemente el día 1 en el evento.

Inciso 2 de Elfe: ¡MASATO! He flipado colores con este hombre, además de buen bajista, es guapo a morir. Y encima después de vernos, como no, nos miro varias veces y de pronto va y se acerca al borde del escenario y empieza a llamarme, ¡a mí!, no es coña que las demás lo vieron y Laura, la otra chica española, me termino dando un empujón para que me acercara y el también acabo dándome en la cabecita y yo ya colora como un tomate, ¡qué cosa más adorable de hombre en serio!

Continúa Omi: No me enrollo más con los detalles. Después de VII-sense vinieron The Darling, VIRGENOW (Elfe se llevó púa de uno de los guitarras) y Dolore (lol); de esas tres me molaron más los primeros, el vocalista transmitía buen rollo sin ser “nyappy” (cosa que se agradece), y nos tuvo a todas bailando y haciendo headbanging.

En resumen, las españolas llamábamos la atención, nos miraron todas las bandas jeje. Pude hablar antes y después de la actuación de VII-sense con mis amigas de Pigg Mana y Makomi; les di unos regalitos de Sevilla y Makomi me regaló una polaroid de Shaura y un photoset de los primeros que ya no está a la venta. También nos ha conseguido entradas para Gazette, le pagamos y nos las dio en un momento; es un encanto la mujer. Desde luego, he hecho unos contactos fantásticos gracias a internet y al chat este; qué buena gente son todas.

Después del concierto nos fuimos a buscar un sitio para cenar por Shinjuku; entramos en un izakaya subterráneo (es fascinante que casi ningún sitio para comer esté a nivel del suelo) y aquí llegó una pequeña confusión cultural. La señora que nos recibió nos dijo que pasáramos a la zona “japonesa”, nos quitáramos los zapatos y los metiéramos en una bolsa de plástico que había allí. Hasta ahí la entendí. Pero cuando se fue vi unas zapatillas al lado de las bolsas y pensé que teníamos que ponérnoslas para pasar al tatami. Gran error. Pisé con las zapatillas el suelo y al camarero casi le da algo, se tiró en plancha a quitarme la zapatilla del pie y hacer gestos de que ni de coña, que había que estar descalza. Yo le pedí perdón mil veces con un bochorno tremendo… Por lo demás, cenamos sin problemas. Por fin comí uno de mis platos preferidos, ¡okonomiyaki! Estaba riquíiiisimo. Es un plato que tiene la cualidad de hacerme sentir llena y al mismo tiempo bien alimentada porque lleva muchas cosas distintas.





Y eso fue todo, luego volvimos a casa a descansar. Pronto contaremos más cosas.

Akihabara y cena con Masayo

20/07/10
Elfe al teclado.

Ese día nos despertamos con tranquilidad, pero sin quedarnos en la parra, pues teníamos planeado ir a Akihabara y de ahí a cenar con Masayo, una amiga de Omi del Ameba.

El caso tras vestirnos de forma cómoda nos propusimos llegar a Akihabara, conocido como el barrio tecnológico por excelencia, ya que aparato con cables que no encuentres allí, no lo vas a ver en ningún otro lado, y si eres epiléptico abstente de acercarte ya que todo son lucecitas parpadeantes, maquinitas brillantes de videojuegos y demás cosas así. Pero antes de llegar siquiera a nuestra estación caímos en el detalle de algo que habíamos tenido ante nuestras narices y no habíamos visto antes, junto al piso tenemos una tienda de Soom, es decir ¡Dollfies!, los muñecos esos tan sumamente realistas y caros, una monada.



Llegamos a Akihabara y comenzamos a andar por aquel autentico laberinto de calles primero para ir en busca de una oficina de correos por motivos monetarios y luego para ir en busca de las tiendas y de un sitio para comer. Lo dicho, mucha sala de juegos, mucha tienda de electrónica, mucha tienda de manga y coleccionistas, muchos cafés de sirvientas, de los que chicas vestidas de cosplay se acercaban a dar propaganda, y mucha tienda de hentai (porno en anime, ya que la inmensa mayoría de visitantes de Akihabara son chicos).



Tras andar un rato nos quedamos mirando el interior de una tienda que estaba llena de maquinitas de estas que echas una moneda, y con un gancho intentas conseguir un muñeco, pues bien había una con unos gatos de peluche negros súper monos y a Omi se le metió entre ceja y ceja coger uno. A la segunda lo hizo y ella más feliz que unas castañuelas diciendo, “Japón me debía un muñeco, que hace dos años eche muchas veces y ni una vez lo conseguí”.



Seguimos nuestro camino y terminamos decidiéndonos por un sitio para comer antes de cruzar al otro lado de la calle para ver las tiendas de allí. Curiosidad del día, nuestro almuerzo… Curry con arroz, hamburguesa y queso, parece una guarrada, pero estaba bueno.



Continuando con nuestra visita turística tecnológica Omi por fin se decidió a entrar en unos grandes almacenes a comprarse una cámara de fotos digital. Momentazo fue cuando de pronto la veo tropezarse con una esquina que según ella no estaba allí, a lo que yo le dije “Claro, cuando te vio salió ¿no?” Y terminó yéndose al suelo, cayendo apoyada con las manos y las rodillas en mitad del pasillo. Su frase al levantarse fue:

“He metió un conejazo que me lo he comío to”

Un dependiente con cara de circunstancia y yo a punto de caerme también peor de intentar no reírme al escucharla. Al menos se decidió por una cámara rosa (para mi gusto muy moña, pero a ella le gusta) con un pantallón que no veas y táctil, muy buena la verdad, le compro una tarjeta de memoria y una funda, que yo me compre otra para mi cámara pero en negra (la suya como supondréis es rosa). Una vez llegadas a este punto decidimos volver al piso, cambiarnos e irnos a la cena con Masayo. En el tren de camino a Harajuku, va y este se queda parado, sin motivo ni razón unos 10 minutos, algo que aquí solo puede ser dos cosas, fallos técnicos o que alguien se ha tirado a las vías del tren, y dado que no dijeron nada de fallos puede ser que fuera lo segundo, como muchos sabréis Japón es el país con mayor índice de suicidios y tienen una fijación por las vías de cosas que se muevan rápido y sean grandes y de metal...

En el camino de la estación al piso senos antojo un helado y terminamos metiéndonos entre pecho y espalda un crepe con nata, helado de chocolate y sirope de chocolate, aunque el de Omi además llevaba trozos de plátano. ¡Que cosa mas rica por dios!



Llegamos al piso un poco más justas de la hora y tan pronto nos cambiamos salimos hacia Shibuya, donde habíamos quedado con Masayo en la estatua de Hachiko, el famoso perro que espero muchísimo tiempo a su dueño en la estación de metro a pesar de que esta había muerto.

Decir que Masayo es mayor que nosotras y es vocal trainer, vamos que se dedica a enseñar a cantar, habla ingles de maravilla y estudio en Estados Unidos, donde su profesor de canto fue el mismo que el de Michael Jackson, Madonna y otros grandes artistas. Vino con uno de sus estudiantes, Junta, y nos fuimos a comer a izakaya, donde esta mujer no dejo de pedir cosas, un plato tras otro hasta tal punto que nosotras dos pensamos que íbamos a reventar de verdad, pero estaba todo tan bueno. Probé por fin el autentico sashimi, es decir pescado crudo, peor crudo de verdad, con salsa de soja. ¡Que bueno que esta el condenado atún! También comimos alitas de pollo fritas con salsa de soja y sésamo, pollo frito de una forma un poco distinta y unos pescaditos secos estilo chanquetes que se comían así sin más. Además pidió arroz con salsa de cangrejo y huevo. Al final también pedimos algo de sake, autentico sake japonés, que encima hay de varios tipos y nos trajeron uno distinto a cada uno para probarlos. Precaución a los que vengan y pidan sake, sube rápido y bastante aunque bebas poco. Otro dato fue que Masayo nos trajo a cada una un ejemplar de una revista japonesa de música en la que cada mes ella tiene una columna fija, apareciendo con foto y todo incluso en el índice.


Masayo, Junta, Elfe


Junta, Elfe, Omi

Nos quedamos de piedra cuando nos levantamos para irnos y Masayo se nos escapa y se va a pagar la cuenta ella sola, todo ese banquete, pero no pudimos hacer nada para que nos dejara pagar nuestra parte.

De ahí nos llevó a ver tiendas, alucinando que estábamos al ver una tienda de discos y DVDs abierta a las 11 de la noche de un martes. En esta tienda mencionada me lleve la alegría del día cuando vi que ya vendían el single nuevo de The GazettE ¡pero este single no salía hasta el día siguiente! Y encima para rematar la faena me regalaban un poster y me dieron a elegir entre dos modelos distintos. Vamos mi cara de felicidad tuvo que ser suprema por que no se… y también me compre una revista con una sesión de fotos de The GazettE y algunos grupos mas de mi interés que regalaban un CD con estas sesiones y un poster mas de The GazettE también, vamos día redondo.

Masayo también nos indico dónde podíamos comprar nuestros yukatas para los festivales a buen precio, y fuimos a un supermercado, el cual era un autentico caos en comparación con los de España.

Ya de ahí volvimos a la plaza de Hachiko, nos hicimos alguna foto más con la estatua del perrito y junto a una maquina de tren que había allí de color verde y nos despedimos de Masayo, que dijo que volveríamos a vernos antes de que nos fuéramos de Japón.





Hasta aquí nuestro día 20 de Julio en Japón.

domingo, 18 de julio de 2010

Final apoteosico del primer día

17/07/10
¡Aquí Omi! Continúo contando cositas ^_^.

Subimos a la cuarta planta en ascensor y entramos en la que va a ser nuestra casa durante un mes, después de mucho pelearnos con la llave ya que las puertas, como tantas otras cosas aquí, van al revés (no quiero ni entrar en el tema de los grifos, el tráfico o las escaleras mecánicas). Lo primero que vimos al entrar fue un zapatero lleno de zapatos tamaño Goofy. En Japón, como sabéis, está feo entrar en las casas con los zapatos puestos así que hay que utilizar un pequeño rellano para hacer el cambio. Inmediatamente intuimos que los otros inquilinos de la casa eran hombres bien alimentados de pequeños por sus madres. El piso consta de un salón con un poster de un señor muy feo en la pared que cada vez que pasamos nos asusta, varias habitaciones, una cocina llena de trastos (incluyendo, como era de esperar, doscientos cubos de basura diferentes ohmygod), el baño (no está mal, mientras no haya cucarachas no me quejo; eso sí, para sentarse en el inodoro hay que ser contorsionista porque la tapa no se puede levantar del todo y de camino cenas lavabo), y un aseo más que supongo acabaremos utilizando bastante. En cuanto a la habitación, no podemos quejarnos. Tiene un balcón (mucha luz), aire acondicionado, un escritorio con su silla, bastante espacio para ropa y para nuestras cosas y dos camas (una es más bien un futón en el suelo, pero las dos son cómodas). Pero lo mejor de todo es la ubicación. A diez minutos escasos andando nos plantamos en Harajuku (con sus tiendas de ropa y su parque), en la estación de tren o en la de metro; la comunicación con el resto de zonas famosas de Tokio es increíble, llegaremos a cualquier parte enseguida. Resumiendo, hemos acertado de pleno con este piso-residencia de Sakura House.

Después de medio instalarnos, nos duchamos para quitarnos el sofoco que traíamos después de arrastrar maletas en un día de calor insoportable. Voy a compartir otra frase-perla de Elfe, que surgió cuando estábamos hablando de los tíos japoneses y nuestra timidez:

Omi: A los japos les gusta mucho el punto “tontita”.
Elfe: Pues por eso, como nosotras somos medio gilipollas…

(Olé ahí, esa buena propaganda XD)

Luego nos arreglamos y nos dirigimos a Akasaka para ver el concierto de Moi dix Mois y Közi, Deep Sanctuary 2, en la sala Akasaka Blitz. El espectáculo que nos esperaba era abrumador. Centenares de fans aguardaban en perfecto orden, mientras un señor iba llamando a los miembros del club de fans para que pasaran antes. Pasé mucha vergüenza pero preguntando a unos y a otros cambiamos nuestro e-mail de reserva por dos entradas con los números 25 y 26; eso sí, el e-mail decidió entrar por su cuenta, se nos voló y casi se mete en la sala… menos mal que un hombre que trabajaba allí nos lo dio. Entramos y me detuve un momento para comprar algo de “mercha”: el libro de fotos del tour y una camiseta monísima con un chibi-Mana (también conocido como Matin) en versión Manapy, es decir con referencias a Snoopy). Dos minutos después cogimos posiciones en segunda fila, en el lado de Mana, y comenzó nuestra larga espera de una hora mientras la sala se llenaba. Y se llenó. Fue fascinante ver tantísima gente apiñada allí. En primera fila estaban varias conocidas/amigas mías, incluyendo a Jennifer, la chica que tanto me ayudó hace dos años, y Angelica, una fan de Mana brasileña muy amable.

El concierto tenía que empezar alrededor de las 19.00 pero a las 18.15 salió Közi a escena con sus miembros de soporte. Teniendo en cuenta que llegué tarde al fandom de Malice Mizer (o sea, cuando ya no existía) y no he seguido de cerca la carrera en solitario de Közi, nunca lo había visto en persona. Es un tipo impresionante, parece que hubiera nacido encima de un escenario; su presencia es abrumadora y a la vez consigue ser teatral y divertido. Se conserva bien; evidentemente Mana ha compartido con él el secreto de la eterna juventud. Me llamó la atención su ropa, de un estilo difícil de definir y colores rojizos, y su guitarra blanca que parece hecha con trozos de mosaico brillante (una preciosidad). En su repertorio incluyó Honey Vanity, una canción que sí conozco y que me gusta mucho. Se notaba que gran parte del público estaba un poco perdido en cuanto a su música, como yo, pero en las primeras filas había auténtica pasión por él. En general me causó una muy buena impresión; si bien no tiene una voz prodigiosa, desborda carisma y talento con la guitarra.

Ya durante la actuación de Közi las fans habían empezado a empujar y luchar como salvajes (Elfe tuvo que soportar a una pellizcona japa a su lado), y como os podéis imaginar la cosa fue a peor cuando llegó el turno de Moi dix Mois. Tengo que decir que los nuevos trajes de la banda son espectaculares, sobre todo el de Mana, que se ha superado a sí mismo por vigésima vez y llevaba un atuendo en negro y azul con mucha gasa que enseñaba parte de sus piernas a través de unas preciosas medias de rejilla (un pantalón de estos cortados en dos partes y con las medias debajo). Los demás miembros estaban muy guapos también, sobre todo Seth y Hayato. Se me da fatal recordar setlists pero recuerdo vivamente que tocaron Metaphysical, Deus ex Machina, La dix Croix (sí, ¡del primer disco!)y Dispell Bound (o la canción secta, como yo la llamo), además de dos temas nuevos que suenan de maravilla y me hacen aguardar con ansias el disco que saldrá en diciembre. También hubo cánticos de “dix love” en voz de un público que, totalmente entregado, coreaba todo lo que Seth decía. Citando lo que me dijo una amiga al terminar el concierto, Moi dix Mois es una banda que ha madurado, ha cuajado y ha alcanzado un nivel impresionante; sus integrantes han ido creciendo como músicos, y ahora es mucho más sólida que hace unos años (y esto lo comparto teniendo en cuenta que yo los vi por primera vez en 2006, y luego en 2008). Es una banda amada, con seguidores fieles que adoran a Mana y se lo hacen saber a cada momento, a sabiendas de que Mana les corresponde. Me sentí parte de algo muy, muy grande, y muy difícil de explicar. Pero lo mejor no había llegado.

No sé si puedo encontrar las palabras para describir lo que ocurrió cuando Moi dix Mois abandonó el escenario y la gente se dio cuenta de que faltaban instantes para la reaparición de Yu-ki después de nueve años. El tiempo se paró, volvió hacia atrás. Sonaron los acordes de Saikai no chi to bara y se levantó el telón. El público, estremecido, chilló. Aparecieron sobre el escenario Közi, en el centro, vestido de rojo; a su izquierda Yu-ki, muy guapo, vestido como de noble, de negro con sombrero y un chaleco amarillo con flores (por algo le llamamos el “conde”), otro que comparte el secreto de la eterna juventud. Mana llevaba uno de sus trajes EGA en negro y azul, aún con las medias debajo. Los tres llevaban una gran rosa roja en la mano, que levantaron hacia el cielo lentamente mientras sonaba el tema instrumental. Luego las lanzaron al público, que estaba entusiasmado. Yu-ki saludó de manera elegantediciendo “hisashiburi desu ne” (ha pasado mucho tiempo ¿verdad?). Hayato salió a escena, hizo una profunda reverencia al público y se sentó a la batería. En primer lugar tocaron una canción que no sé muy bien de dónde salió, cantada por Közi; alguien me dijo que era de no sé qué session band; quedó bastante bonita. Luego Közi dijo las palabras mágicas: “Vamos a tocar un tema de Malice Mizer. Beast of Blood”. Se me encogió el corazón en el pecho, la gente chilló y muchos empezaron a llorar en cuanto sonaron unos acordes. Közi hizo de vocalista y defendió el tema de maravilla. Fue maravilloso. A mi alrededor la multitud cantaba, chillaba, lloraba, muchos parecían estar a punto de derrumbarse de felicidad y tantas otras emociones encontradas. La participación en el estribillo fue absoluta, demencial. De pronto comprendí lo que estaba viendo. Allí, frente a mis ojos, y dando lo mejor de sí mismos, estaban Malice Mizer. Sonreí y empecé a llorar como nunca antes; y digo nunca, ni siquiera en el último concierto de Versailles en Barcelona, que tuvo partes muy sentidas. No puedo describiros la sensación por más que quiera. Una catarsis, una felicidad y al mismo tiempo una nostalgia tan profundas, tan enraizadas en cada fibra del ser de esas personas que se unieron formando una sola en el público. Un terremoto, un volcán, una tormenta; amor, dolor. Gritos desesperados de “¡Kami!” (Hayato a la batería, dándolo todo, demostrando lo bueno que se ha vuelto; un diez para este hombre, de verdad; aunque Kami siempre será EL batería de Malice Mizer). Yo seguía llorando, absorbiendo cada nota, cada palabra. Cuando terminó la canción el público volvió a estallar, los tres miembros se acercaron más y dejaron bien claro que son muy buenos amigos, que el buen rollo entre ellos es total ahora; hubo muchísimos signos de camaradería. Cuando se despidieron y se marcharon, y se corrió el telón de nuevo, no se movió ni un alma en el público. Comenzaron gritos desesperados y constantes de encoré, y para nuestra sorpresa nuestros esfuerzos (entre tanta lágrima y tanta emoción) dieron su fruto. Volvieron a aparecer, ya sin instrumentos, sin tener ninguna otra canción preparada, sólo para estar con nosotros, para dar las gracias. A Mana le brillaban los ojos de la emoción; sonrió, tomó aire (le vi todos los dientes, fue rarísimo). Ya al principio había tenido que darse la vuelta y casi salir del escenario para enjugarse las lágrimas, pero al final se le notó aún más. Los otros dos también estaban visiblemente felices y emocionados; creo que Yu-ki no se había hecho a la idea del recibimiento que íbamos a darle y quedó abrumado. Cuando caminaron hacia el borde del escenario por última vez, Mana corrió tras Közi y Yuki y saltó sobre como ellos como un niño feliz, momento “glomp” total que nos hizo gritar de asombro y emoción. Se marcharon y todos nos quedamos allí, mirándonos. Me di cuenta de que Elfe, como buen fan de Malice Mizer, estaba llorando también, y eso que a este concierto prácticamente la había arrastrado porque no era (y lo digo en pasado, “era”) fan de Moi dix Mois (otra conversa más para la saca, mwahaha). Pensé que nos iban a tener que recoger a todas con cuchara. Cuando por fin salimos, me encontré con todas mis conocidas, todas emocionadas y algo machacadas por la violencia del concierto, en el que hubo momentos de auténtica guerra por ver mejor y acercarse más. Incluso conocimos a dos chicas españolas muy simpáticas a las que veremos más en los próximos días.



Al fin conseguimos reunir a un buen grupito y nos fuimos en busca de un sitio para comer. No os lo vais a creer, pero sobrevivimos a pesar de no haber comido nada desde las 7 de la mañana en el avión (y el concierto duró casi 3 horas, acabó de noche). Un chico japonés la mar de kawaii y que sabe algo de español sugirió ir a cierto izakaya, un bar típico japonés en el que se sirven bebidas y todo tipo de “tapas” o entrantes japoneses como onigiri, gyoza, takoyaki, yakitori etc. Estaba todo buenísimo, y lo mejor fue la compañía. Hablamos del concierto, de las bandas que nos gustaban y de tantas otras cosas. Una chica inglesa, mi amiga brasileña, Jennifer, otra japonesa (que llevaba una fascinante y preciosa peluca desmontable, flequillo por un lado y pelo largo por otro), más españolas… fue genial. Estábamos cansadas pero el día terminó de la mejor manera posible.




(Omi, Elfe, Jennifer, Yuumi)

Al final cogimos cada uno nuestro tren y nosotras llegamos a la casa casi a medianoche y por fin cogimos una cama después de tanto tiempo sin descansar. Me sentí feliz de estar en Tokio, de conocer tanta gente interesante, de haber vivido ese momento único con los miembros de la banda que cambió mi vida. Nos dormimos enseguida. Este lunes veremos a algunas de las chicas de nuevo en el concierto de Versailles, ¡ya hay ganas!